El catedrático de la sección de Química de la Facultad de Ciencias de la Universidad de La Laguna Ricardo Souto ha dicho a Efe que gran parte de El Hierro, así como el sureste de Tenerife, especialmente entre Arico y el polígono industrial de Granadilla, en Tenerife, son zonas "muy" corrosivas con los materiales metálicos.

En una entrevista Ricardo Souto explicó que la corrosión de los materiales en esas áreas es tan elevada que se asemeja a la de un ambiente de selva tropical como la que se produce en la Península del Yucatán (México), y añadió que es un error creer que ante la corrosión todos los materiales se comportan igual y que ese comportamiento es el mismo en todos los lugares.

Esos errores llevan a que se produzcan accidentes como el que tuvo lugar el 13 de diciembre de 2011 en el intercambiador de transportes de la capital tinerfeña, cuando se cayó el falso techo, y los expertos del Laboratorio de Electroquímica y Corrosión que Ricardo Souto dirige en la Universidad de La Laguna identificaron los motivos de la caída.

La estructura del falso techo constaba de planchas sujetas por una especie de tirantes que en una fase inicial eran de acero al carbono, pero posteriormente se continuó empleando tirantes de acero inoxidable, en principio de mejor calidad que el anterior y más difícil de corroer.

Lo que no se pensó es que, a pesar de que el acero inoxidable estaba recogido en el falso techo, recibiría la acción del aerosol marino, con lo que inició su corrosión, y a eso se unió que como era un lugar en el que estaban instalados los sistemas de aire acondicionado, se incrementó la humedad.

Y de ese modo la combinación de los aerosoles marinos con la humedad, y el hecho de que el acero inoxidable es más resistente siempre que no esté sometido a tensión en un ambiente salino húmedo, llevó a que ese material presentase menos resistencia a la corrosión que el acero al carbono, por lo que se produjeron fracturas del metal, y llevó a la caída del falso techo.

Ricardo Souto opinó que es un problema extendido el hecho de que en Canarias se desconozca el "muy elevado" nivel de investigación, desarrollo e innovación que hay en universidades y centros tecnológicos asociados, y se recurra de forma habitual a expertos del exterior que no conocen las peculiaridades del lugar y pueden aportar soluciones que no sirven para las islas debido a sus peculiaridades climatológicas y geográficas.

También es un problema no tener en cuenta cómo afectan las condiciones ambientales a los materiales como se ha observado en el laboratorio que Ricardo Souto dirige en la Universidad de La Laguna al estudiar los problemas que tienen las instalaciones de los sistemas de energía renovable en la zona de Arico.

La mayoría de los parque solares y eólicos de Tenerife se instalan en esa zona porque hay más horas de sol y de viento, algo lógico, reconoció Ricardo Souto, quien agregó que la tecnología que se utiliza es frecuentemente alemana o del centro de Europa.

Esa tecnología, "muy" estable en el continente europeo, afronta en Arico de forma frecuente vientos alisios procedentes del mar con fuerzas que pueden ser superiores a los 50 kilómetros a la hora, y la mayoría de esos parques están tan corroídos, a pesar de que no han llegado ni a la mitad de su vida prevista, que no es previsible que aguantan.

Ello resulta sorprendente pues los parques están bien calculados para un territorio como el de la Península Ibérica, pues en el litoral mediterráneo funcionan bien, pero en Tenerife fracasan, señaló Ricardo Souto.

La corrosión hace que los materiales envejezcan de forma inesperada mucho antes del tiempo de vida previsto, y lleva a fallos en infraestructuras, reiteró Ricardo Souto, quien manifestó que Canarias es un laboratorio natural único, porque si bien su cultura tecnológica es básicamente europea, los materiales están en un ambiente subtropical.

Para solucionar esos problemas Ricardo Souto propone varias fases y una de ellas es estudiar mejor el lugar en el que se construye para conocer los desafíos que plantea, mientras que otra fase es tener en cuenta el mantenimiento, ya que en España se funciona con grandes obras que se inauguran pero sin provisión de mantenerlas.

Insistió en que la corrosión precisa un lugar de mucha humedad y mucha influencia de aerosol marino, algo que en Canarias se encuentra a "gran" escala.

Ricardo Souto comentó que de las seis zonas corrosivas que hay en Tenerife una de ellas es tan elevada que es típica de selvas tropicales, localizada entre Arico y el polígono industrial de Granadilla, pero también en gran parte de El Hierro, y comparable a la que hay en la Península de Yucatán.

La tercera fase propuesta por Ricardo Souto es conocer el comportamiento de los materiales, ya que, reiteró, a veces las cosas no son tan obvias como puede parecer y un material excelente puede fracasar simplemente por cuestiones de diseño, como la forma de anclarlo.

La cuarta fase está relacionada con el hecho de que en Canarias, si bien se hacen muchas infraestructuras de metal, nadie pregunta si es corrosivo, y si al corroerse pueden dañar el medio ambiente al liberarse metales pesados.

En este aspecto puso como ejemplo que el zinc, que se utiliza en la protección anticorrosiva de barcos y muchas estructuras en el mar, pues aunque se considera un metal "amigable" para los seres vivos, sin embargo puede llegar a ser dañino cuando alcanza grandes concentraciones como metal disuelto, y de ese modo afectar a la vida marina.

Fuente: finanzas.com

 

Ultima modificacion el Miércoles, 05 Abril 2017

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